Rostros sagrados

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María Varela, 23 junio 2010

Imposible quedar inmune ante la visión de uno de estos rostros sagrados. Los sadhus, los niños santos, brahmanes y ascetas están en toda India, pero en Varanasi, ciudad de Shiva, es donde más los verás. Estos hombres venerados por los hindúes buscan la iluminación mediante la renuncia a lo mundano, la penitencia y la meditación. Despojados de todos sus bienes materiales, viven de la caridad y viajan de un lado a otro, en constante peregrinación.

Hay innumerables clases de sadhus o monjes. Muchos imitan la vida de Shiva, de ahí que tengan la frente pintada con tres rayas de ceniza y lleven un bastón con forma de tridente. Los sadhus suelen hablar muy poco y prefieren la soledad, aunque algunos tienen como compañero a un niño discípulo. Como suele suceder en otros lugares de la India a donde acuden muchos turistas, en Varanasi hay santones falsos que se ‘disfrazan’ y pretenden ganar una moneda mediante la farsa. Sin embargo, en los fascinantes ghats a lo largo del Ganges es fácil reconocer a un verdadero sadhu. Basta observar su comportamiento, la devoción con que hacen sus abluciones y toman sus baños sagrados.

Verlos resulta impresionante. Casi siempre vestidos de naranja, la cara pintada de colores, el pelo y las barbas largas, o totalmente afeitados, deambulan por la vida con la mirada ausente, como si ya no estuvieran en este mundo.

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