En shikaraIn shikara

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María Varela, 10 February 2010

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El aire de Srinagar está enrarecido por el olor a pólvora. La capital de Cachemira está cercada por alambradas de púa y atiborrada de soldados armados hasta los dientes. Srinagar, pegada a Pakistán y musulmana, quiere desde hace décadas separarse de India.

No es fácil andar por una ciudad sitiada, pero en un viaje por el norte de India no te la puedes perder. Además de su antiguo bazar, Srinagar tiene dos tesoros difíciles de igualar. Uno de ellos es su milenaria industria textil. En tiendas como cuevas mágicas tapizadas de blanco, se venden maravillas hechas de brillos, transparencias y color.
La otra joya de Srinagar es el Dal Lake. Este lago enorme con mil brazos está lleno de embarcaciones donde vive muchísima gente. Hay zonas muy pobres donde se apretujan viejas barcas varadas en el barro, zonas de barcos parecidos a palacios, grandísimos mercados flotantes. Para recorrer el lago, cientos de shikaras esperan amarradas a la vera de la larga costanera. Shikara, lady? Shikara, sir? Uno no puede irse de Srinagar sin un paseo en estos nidos flotantes pintados de increíbles amarillos y turquesas, techados y tapizados con telas de vivos colores.

De pronto se acaban los ruidos, sólo se escucha el sonido del remo entrando y saliendo del agua. El lago está quieto y desde su fondo trepan buscando la luz plantas acuáticas. El hombre que rema va sentado en la angosta popa; yo voy recostada en una especie de tumbona-cama. Nos cruzamos con barcas guiadas por mujeres veladas, pasamos por jardines de nenúfares florecidos, por un mercado formado por viejas y desteñidas shikaras llenas de verduras y frutas.

El agua, el silencio, el aire limpio, la paz. La sensación en una shikara es que flotas en el paraíso.

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The air of Srinagar is rarefied with the smell of gunpowder. The capital of Kashmir is surrounded by barbed wire and packed with soldiers armed to the teeth. Srinagar, stuck to Pakistan and of Muslim religion, wants, since decades, to split from India.

It is not easy to walk through a city under siege, but on a journey through northern India you can’t miss it. Besides its ancient bazaar, Srinagar has two amazing treasures. One is its ancient textile industry. In stores like magic caves covered with white fabrics, wonders of brightness, color and transparencies are sold. The other jewel of Srinagar is its Dal Lake. This huge lake with a thousand branchs is filled with ships where many people live. There are areas where poor old stranded boats are huddled in the mud, areas with houseboats like palaces, huge floating markets. To wonder around the lake, hundreds of shikara tied to the side of the long waterfront wait for clients. Shikara, lady? Shikara, sir? One can not leave Srinagar without a ride in these floating nests painted in incredible yellow and turquoise, roofed and upholstered in colorful fabrics.

Suddenly every noise is off, you only hear the sound of the oars coming in and out of the water. The lake is quiet and from its bottom aquatic plants climb in search of light. The man who rows is seated in the narrow poop, I lay on a sort of couch-bed. We see boats driven by veiled women, pass water-lily gardens in bloom, a market made up of old and faded shikaras full of vegetables and fruits.
The water, the silence, the clean air, a total peace. The feeling in a shikara is that you float in paradise.

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