En shikara
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El aire de Srinagar está enrarecido por el olor a pólvora. La capital de Cachemira está cercada por alambradas de púa y atiborrada de soldados armados hasta los dientes. Srinagar, pegada a Pakistán y musulmana, quiere desde hace décadas separarse de India.
No es fácil andar por una ciudad sitiada, pero en un viaje por el norte de India no te la puedes perder. Además de su antiguo bazar, Srinagar tiene dos tesoros difíciles de igualar. Uno de ellos es su milenaria industria textil. En tiendas como cuevas mágicas tapizadas de blanco, se venden maravillas hechas de brillos, transparencias y color.
La otra joya de Srinagar es el Dal Lake. Este lago enorme con mil brazos está lleno de embarcaciones donde vive muchísima gente. Hay zonas muy pobres donde se apretujan viejas barcas varadas en el barro, zonas de barcos parecidos a palacios, grandísimos mercados flotantes. Para recorrer el lago, cientos de shikaras esperan amarradas a la vera de la larga costanera. Shikara, lady? Shikara, sir? Uno no puede irse de Srinagar sin un paseo en estos nidos flotantes pintados de increíbles amarillos y turquesas, techados y tapizados con telas de vivos colores.
De pronto se acaban los ruidos, sólo se escucha el sonido del remo entrando y saliendo del agua. El lago está quieto y desde su fondo trepan buscando la luz plantas acuáticas. El hombre que rema va sentado en la angosta popa; yo voy recostada en una especie de tumbona-cama. Nos cruzamos con barcas guiadas por mujeres veladas, pasamos por jardines de nenúfares florecidos, por un mercado formado por viejas y desteñidas shikaras llenas de verduras y frutas.
El agua, el silencio, el aire limpio, la paz. La sensación en una shikara es que flotas en el paraíso.
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tagged agua, cachemira, dhal lake, India, shikara, srinagar, textiles






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