Alentejo: el Portugal más salvaje
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Más allá del mar, más allá de las montañas, más allá de un río. Desde siempre, todo lo que se describe como ‘más allá’ ha sido sinónimo de misterio. Alentejo significa allende el Tejo, o Tajo, y por ende significa también tierra lejana. Quién sabe desde cuándo lleva ese nombre, lo cierto es que aún hoy la gran región centro-sur de Portugal exhala distancia, como si fuera un mundo remoto. Dividido en cinco subregiones, una de las cuales abarca un salvaje y deshabitado litoral, el Alentejo es, sin embargo, una única y profunda sensación. Tierra hecha de llanos sólo interrumpidos por alguna sierra, de dehesas donde crecen alcornocales, de aldeas blancas con destellos amarillos y azules, de infinitos trigales, de intensos cielos y soles abrasadores, no es su larga historia ni su geografía lo que impacta, sino su silencioso carácter, su secreta emoción.
Viana do Alentejo, Monsaraz, Alvito, Mourao, son algunos de los pueblos más perdidos y preciosos. Los habitan una completa tranquilidad y alentejanos curtidos por los años y el sol. Los marcos de las ventanas y los zócalos de sus casas relucen con un azul puro, los portales están orlados de amarillos. El resto es absoluta blancura.






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