Nepal: el paraíso de los senderistas
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Cientos de espectaculares senderos que trepan a alguna parte. Algunos bordean ríos cristalinos y precipicios, otros recorren bosques selváticos o atraviesan dorados campos de arroz. Entre las innumerables alternativas para aventurarse por el Himalaya, muchos eligen la cordillera de Annapurna. La razón es simple: su belleza es alucinante. Los picos, aun en verano, siguen nevados, la montaña sagrada Machhapuchhare –o Fishtail-, sobresale con sus casi 7000 metros de puntiaguda altura y parece que acompaña en el camino. La aventura comienza en Pokhara, una ciudad nepalí sobre un lago de ensueño. Con tu guía y tu porteador te echas a andar. Ningún día es igual al otro, hoy no paras de trepar, mañana no dejas de bajar. A veces vas por toscos escalones tallados en la piedra, otras resbalas en picada por la tierra suelta. Te internas en una jungla habitada por cientos de monos, atraviesas puentes colgantes sobre ríos alborotados, te cruzas con mujeres y hombres acarreando enormes bultos en un cesto sostenido con una faja alrededor de la frente. Salvo en la época de monzones, el sol brilla todo el tiempo. Tienes calor en las zonas bajas, te mueres de frío en las cimas. Caminas, y poco a poco vas dejando todo atrás. Te entregas a la naturaleza, no cuentas los días, aprendes que el ritmo de tu sherpa destila sabiduría, que es bueno detenerse, descansar, tomar un té. Cosas que siempre importaron ya no pesan. En los albergues casi nunca hay agua caliente, luego de cierta hora no hay luz, la comida muchas veces deja que desear. Nada importa. Estas comulgando con la naturaleza. En Tadapani, sobre los tejados de la aldea, ves una puesta de sol inolvidable. En Gandruk quedas prendado de su gente de origen gurung, de su vestimenta coloridísima, y de sus casas de madera entre los campos de mijo. En Ghorepani te quedas alucinado con las vistas del Annapurna. En Poon Hill, luego de haberte levantado a las 4 y media de la madrugada y haber caminado en la oscuridad ladera arriba, te emocionas hasta las lágrimas cuando el sol, entre las montañas, al fin comienza a salir.
Pocas experiencias tan memorables como ésta. Aventureros Laken, el Himalaya os espera.






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