Nepal: el paraíso de los senderistasNepal: trekkers’ paradise

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María Varela, 23 December 2009

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Cientos de espectaculares senderos que trepan a alguna parte. Algunos bordean ríos cristalinos y precipicios, otros recorren bosques selváticos o atraviesan dorados campos de arroz. Entre las innumerables alternativas para aventurarse por el Himalaya, muchos eligen la cordillera de Annapurna. La razón es simple: su belleza es alucinante. Los picos, aun en verano, siguen nevados, la montaña sagrada Machhapuchhare –o Fishtail-, sobresale con sus casi 7000 metros de puntiaguda altura y parece que acompaña en el camino. La aventura comienza en Pokhara, una ciudad nepalí sobre un lago de ensueño. Con tu guía y tu porteador te echas a andar. Ningún día es igual al otro, hoy no paras de trepar, mañana no dejas de bajar. A veces vas por toscos escalones tallados en la piedra, otras resbalas en picada por la tierra suelta. Te internas en una jungla habitada por cientos de monos, atraviesas puentes colgantes sobre ríos alborotados, te cruzas con mujeres y hombres acarreando enormes bultos en un cesto sostenido con una faja alrededor de la frente. Salvo en la época de monzones, el sol brilla todo el tiempo. Tienes calor en las zonas bajas, te mueres de frío en las cimas. Caminas, y poco a poco vas dejando todo atrás. Te entregas a la naturaleza, no cuentas los días, aprendes que el ritmo de tu sherpa destila sabiduría, que es bueno detenerse, descansar, tomar un té. Cosas que siempre importaron ya no pesan. En los albergues casi nunca hay agua caliente, luego de cierta hora no hay luz, la comida muchas veces deja que desear. Nada importa. Estas comulgando con la naturaleza. En Tadapani, sobre los tejados de la aldea, ves una puesta de sol inolvidable. En Gandruk quedas prendado de su gente de origen gurung, de su vestimenta coloridísima, y de sus casas de madera entre los campos de mijo. En Ghorepani te quedas alucinado con las vistas del Annapurna. En Poon Hill, luego de haberte levantado a las 4 y media de la madrugada y haber caminado en la oscuridad ladera arriba, te emocionas hasta las lágrimas cuando el sol, entre las montañas, al fin comienza a salir.

Pocas experiencias tan memorables como ésta. Aventureros Laken, el Himalaya os espera.

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Hundreds of spectacular trails that climb to somewhere. Some go along pristine rivers and ravines, others cross wild forests or golden rice fields. Among the many alternatives to venture in the Himalayas, many choose the Annapurna mountain range. The reason is simple: its beauty is amazing. The peaks, even in summer, are covered with snow. The sacred mountain of Machhapuchhare -or Fishtail- stands out with its almost 7000 meters high and it seems to accompany the journey. The adventure begins in Pokhara, a Nepali town by a beautiful lake. With your guide and your porter you start walking. No day is equal to another, today you do not stop climbing, tomorrow you trek all the way down. Sometimes you go through rough steps cut into the stone, others you slip into a tailspin on the loose soil. You cross wooden bridges over rushing rivers, you go through a jungle inhabited by hundreds of monkeys, you meet women and men carrying huge bundles in a basket held with a sash around their forehead. Except in the monsoon season, the sun shines all the time. You are very hot in the lowlands, you freeze in the peaks. You walk, and slowly you leave everything behind. You surrender to nature, you stop counting the days, you learn that the pace of your Sherpa distills wisdom. Things that always matter no longer count. In the lodges is difficult to get hot water, after 8 in the evening there is no light, food often is not as good as you would like. Nothing matters. You are communing with nature. In Tadapani, above the roofs of the village, you see an unforgetable sunset. In Gandruk you love the Gurung people, their colourful clothing, their wooden houses among the fields of millet. In Ghorepani you are amazed with the views of Annapurna. In Poon Hill, after waking up at 4 and a half in the morning and walking uphill in the dark, you are moved to tears when the sun, among the mountains, finally begins to emerge.

Few experiences are as memorable as this. Laken adventurers, the Himalayas are waiting for you.

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