Una bici para Rovinj
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La imagen parece irreal, ¿verdad? Pues no lo es. Este pueblo de pescadores existe y está en la Península de Istria, mirando a Venecia a través del Adriático. Istria forma parte de Croacia, pero ha sido italiana durante tantos siglos que en Rovinj las calles tienen el nombre escrito en los dos idiomas, la gente mayor habla italiano, y los fetuccini al pomodoro son tan deliciosos como en una trattoria veneciana.
El resto es todo croata. La religiosidad de la gente, su sencillez, su inentendible lengua, su extrema amabilidad. Rovinj está emplazada en una saliente, así que tiene todo tipo de mares: una bahía tranquila a donde dan las casitas de los pescadores, un puerto protegido lleno de barcas de colores, y una punta de altas rocas donde bate el mar. Tan soñado y sereno es Rovinj, que se han instalado allí pintores y artistas. Conviven con agricultores y pescadores dándole al pueblo un aire insuperable. En las callejuelas empedradas de Rovinj todo es caminar, pero sin una bici te perderás el paraíso que hay más allá. Tu mochila, el bañador, una toalla, tu botella de Laken y comienza a pedalear. Apenas dejas atrás el puerto empieza una pista que bordea el mar durante kilómetros. Sombreada por fragantes pinos, la costa está formada por enormes piedras blancas muy lisas. En cualquiera te instalas y como si estuvieras al borde de una piscina te zambulles en el mar. ¿Has estado en el Adriático? Es una pasada… Tan cálido y transparente, tan azul, turquesa y verde… Si te apetece continuar pedaleando, el camino, siempre alucinante, se acaba luego de varios kilómetros en un sorprendente campamento para autocaravanas exclusivo para nudistas. Que quede claro que me encanta que cada cual ande a su aire, pero, sin duda, mejor es regresar lentamente a Rovinj y desde una terracita frente al mar, disfrutar del rojo atardecer.






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