Cuzco, la ciudad que siempre existió
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“No hay términos medios: Cuzco te causa enorme rechazo o profundo amor. Si te repele, es simple, partes en el primer avión. Si Cuzco te enamora, ya nunca serás la misma persona”. Elena, una extraña cuzqueña de ojos transparentes y piel blanca como la leche, habló así. En Cuzco todo tiene un misterioso porqué. Hija de un biólogo polaco que en 1920 se estableció aquí, tal vez Elena se cruzó en mi camino para que yo escribiera lo que ella me contó.
“Una vez, cuando yo era muy joven, llegaron a Cuzco sabios europeos. Venían a estudiar los cimientos de la ciudad. Se metieron en las profundidades de la tierra y corroboraron lo que todos sabemos: Cuzco está construida sobre una ciudad inca. Pero esto no fue nada. Los científicos descubrieron que debajo de la ciudad inca había otra ciudad. Bajaron más, y allí encontraron una ciudad más antigua. Continuaron, y hallaron los restos de otra ciudad todavía más remota. Así, otra, y luego otra, hasta que de tan hondo no pudieron excavar más. El descubrimiento era tan revolucionario que decidieron mantenerlo en secreto. ¿Cómo explicar una ciudad que siempre existió? La idea era –y sigue siendo- inadmisible en este mundo ordenado, dominado por leyes y la razón”.
“Cuzco es lo inconmensurable, el No Tiempo”, dijo Elena. “Si aquí lo sientes, si lo entiendes, es probable que ya no puedas ir a ninguna otra parte. O que te vayas, pero que una y otra vez, como con sed, necesites volver”.






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