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Viajo sola: a veces puedo permanecer en silencio durante días enteros. Observo, escucho, escribo, saco fotos. Pero a veces el mundo me busca y me dice hola.
Voy en tren desde Liubliana, en Eslovenia, a Zagreb, en Croacia, y es como viajar en una película de 1930: el tren es compartimentado, oscuro, con asientos de piel y un pasillo donde ahuman inverosímiles estufas de kerosene. En mi compartimento hay una sola persona: Karlo. Do you speak english? Yes I do. Karlo acaba de graduarse de médico, es simpático, guapo y conversador. Durante la guerra vivió en un pequeña ciudad croata pegada al límite con Serbia. Escucho sus historias: son tan vívidas que veo su pueblo bombardeado y siento la tristeza de los vecinos obligados a odiarse porque unos son croatas y otros serbios. Pero a pesar de la guerra la vida no estaba mal, sonríe Karlo, yo tenía 16 años, me gustaban las chicas y el fútbol. Cuando sonaba la alarma seguíamos haciendo lo que hasta ese momento hacíamos pero bajo tierra y en penumbras, en el refugio.
Al acercarnos a Zagreb, como él continuaría en el mismo tren hasta su pueblo, comienzo a despedirme. Lo veo dudar.
-Zagreb no es una ciudad muy bonita, pero te encantará si yo te la enseño.
Le digo que estaré en Zagreb sólo 3 horas, hasta que salga mi tren a Split. Pero no puedo convencerlo, Karlo se baja conmigo y lleva su maleta y mi mochila a la consigna de la estación. Caminamos por la ciudad y me invita a almorzar un típico plato de calamaris con salsa tartar. El tiempo pasa, hablamos como si nos conociéramos de toda la vida, nos reímos, brindamos con cerveza negra, casi corriendo volvemos a la estación. Luego todo es muy rápido. El tren de Karlo sale minutos antes que el mío; sin que yo pueda evitarlo paga mi billete a Split y la consigna de mi mochila.
-Karlo, cómo agradecerte lo que has hecho por mí…
-María, el agradecido soy yo. Pero hagamos un trato: Cuando te encuentres con alguien especial, alguien con quien sientas que fluyes, haz por él o ella lo que crees que yo he hecho por ti.
En la estación se escuchan dos pitidos. Nos abrazamos fuerte, Karlo corre a su tren, yo al mío. Busco mi asiento, me acomodo. Y es entonces cuando tomo conciencia de que Karlo ha desaparecido entre los millones de personas que habitan la Tierra. Dos estrellas fugaces que se rozan un instante en su trayecto, eso hemos sido. Sabiéndolo, no nos hemos dado ni la más mínima seña, ni apellidos, ni mails, ni direcciones, ni teléfonos. Sin poder evitarlo comienzo a llorar, lloro como una Magdalena, lloro y lloro, no puedo parar.
El mundo es un inmenso y misterioso telar. Sin saberlo estamos todos conectados. De vez en cuando somos pura esencia y de tan transparentes nos reconocemos. No sé de dónde habrá venido Karlo a hacerme compañía, pero tengo la certeza de que tarde o temprano, y más de una vez, me lo encontraré en otro sitio, con otro nombre, otro cuerpo y en otro idioma.
Estrella fugaz, desconocido tan conocido, dónde estarás ahora, qué nombre tendrás.
No hay nada más fabuloso que el ser humano.
Let´s flow!
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tagged Croacia, encuentros, Eslovenia, fluir, Let's flow, Liubliana, tren, viajeros, Zagreb







8 Comments
Que bueno! Que intenso!
Y estas cosas ocurren, se quedan grabadas y son super enriquecedoras.
Posted by Esther on 7 julio 2009 @ 9
Precioso¡, créeme si te digo que estoy secándome las lágrimas.Un encuentro tan fugaz como intenso. Curiosamente, es posible que se quede grabado en tu mente este encuentro para siempre, sin embargo otros momentos, que duran días, o meses…. desaparecen de nuestro cerebro sin dejar huella.
Uno de los relatos más bonitos que he leido, con la magnitud que tiene, al ser real.
Gracias, María.
http://www.miguel-asaltodemata.blogspot.com
Posted by Miguel Nonay Almale on 7 julio 2009 @ 11
Querida Viajera, conozco la historia pero no deja de conmoverme. A veces tres horas pesan más que semanas enteras.
Un abrazo y buena suerte.
Posted by argonauta on 7 julio 2009 @ 11
Querido Argo, qué placer inmenso verte por aquí. Un abrazo grandote para ti.
Posted by María Varela on 7 julio 2009 @ 11
Siempre me impacto, esta idea que trasmitis, es mas muchas veces mirando gente pasar, te peguntas ¿cual sera su historia? ¿cuanto misterio? y que pocos son con los que nos conectamos.
Como siempre flaquita, buenisima y ademas nos haces pensar (bueno…exagere)
Beso con alcohol en gel
Posted by Felipe on 7 julio 2009 @ 2
María… como siempre… tengo que morder un labio para no llorar, pero la lagrima no se detiene, me haces el día GRACIAS!!!.
Simplemente, Juan Rulfo…
Posted by Guadalupe on 7 julio 2009 @ 4
Genial!
Este relato es muy parecido a uno de los libros de Coelho: ‘Once Minutos’. Claro que no por la historia en sí sino por la forma en que se conocieron los protagonistas y lo que sintieron -y sienten- el uno por el otro
Posted by Claudia on 8 julio 2009 @ 2
Esther, Miguel, Argo, Felipe, Guadalupe, Claudia… Gracias por sus comentarios. Enriquecen la aventura de la vida en viaje. Let´s flow!
Posted by María Varela on 8 julio 2009 @ 11
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