Baile en el desiertoA dance in the desert

Compartir
María Varela, 16 July 2009

shakira_laken

Nos internamos en las dunas de Erg Chebbi al atardecer. Luego de haber recorrido gran parte de Marruecos en tren y bus, en un coche alquilado -¡sin frenos!- finalmente habíamos llegado al borde del Sahara. Éramos dos: mi hija y yo. Nadie más. La inmensidad y la soledad nos rodeaban. También un aura de felicidad: la nuestra, que se había expandido hasta el infinito. Caminábamos lento en las subidas, hundiéndonos hasta las rodillas. Corríamos cuesta abajo, nos quedábamos tendidas en la arena tibia, nos reíamos.

De pronto, en esa nada, aparecieron dos niños. Se acercaron. Nos hablaron en un idioma que no entendimos. Tratamos de comunicarnos en inglés, en nuestro precario francés. Sus nombres eran Said y Josef y por señas comprendimos que se ofrecían a guiarnos en nuestro regreso a la aldea de Hassi Labied. Con el pulgar en alto dijimos ok.

Sentados en la cima de una duna y en silencio estábamos los cuatro. Se ponía el sol, y el desierto y el cielo tenían un color inverosímil entre rosa y dorado. De pronto Said (el más pequeño, 6 ó 7 años) vio un i-Pod en un bolsillo de nuestra mochila. Quería escuchar. Mi hija le calzó los auriculares, puso ON. El niño escuchó atentamente: hizo una mueca de que eso no le gustaba nada. No, ése no, el siguiente tampoco. Entonces dijo: Shakira.

-¿Shakira? preguntamos las dos asombradas.

Said se quitó los auriculares, comenzó a cantar Shakira-Shakira… Shakira-Shakira… y sobre la cima de la duna se puso a bailar.

shakira_laken

We penetrated into the Erg Chebbi dunes at sunset. After travelling through a good part of Morocco by train and bus, we had reached the edge of the Sahara in a rented car -without brakes! We were two: my daughter and me. Nobody else. The vastness and solitude surrounded us. Also an aura of happiness: ours, which had expanded to infinity. We walked slow the steep slopes, sinking up to our knees. We ran down, rolled like small girls, we stayed lying on the warm sand, we laughed.
Suddenly, in that vastness, two children appeared. They approached us. They spoke in a language we could not understand. We tried to communicate in english, in our poor french. Their names were Josef and Said, and by signs we realized that they wanted to guide us in our return to the village of Hassi Labied. With our thumb on top we said ok.
The four of us sat on top of a dune and remained silent. The sun was going down, everything had turned in between pink and gold. Suddenly, Said, the youngest child, discovered an i-Pod in a pocket of our backpack. He wanted to listen. My daughter fitted the headphones on him, turned the i-Pod ON. The boy listened: looking at his face we could see that he did not like what he was listening. No, not that one, nor the next one. He said: Shakira.
-Shakira? we asked ncredulous.
Said took off the headphones, began to sing Shakira-Shakira… Shakira-Shakira… and on top of the dune started to dance.

5 Comments

Ole, increíble!!!
Shakira por esos lados?! Mi paisana es conocida por allá. Bien por mi patria.
Saludos.

Posted by Valkiria on 18 July 2009 @ 2am

How beautiful, is like a poem. And I like the photo very much

Posted by sherezade on 18 July 2009 @ 1pm

Conozco ese color de la arena del Sahara, sobre todo a determinadas hora de la tarde.
Que importante es tener la mente abierta cuando se viaja María, qué sencillo es comunicarse cuando no se habla el mismo idioma pero coexisten dos voluntades con un fin idéntico.
Magnífico relato, Maria.
Besitos desde A SALTO DE MATA.

Posted by a salto de mata on 19 July 2009 @ 11am

hola buena s es mi fot in la dunas

Posted by hassan on 9 September 2009 @ 12pm

Me alegro que te guste la foto, Hassan!
Let’s flow!

Posted by María Varela on 9 September 2009 @ 6pm

Leave a Comment